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A esto me refería.

Apenas han pasado unos pocos días desde que escribiera mi anterior entrada en la que denunciaba cómo los medios occidentales no se habían hecho caso de cómo en Perú el gobierno derechista no había renovado la licencia a una cadena opositora, y lo comparaba a qué habían hecho los medios occidentales con el caso de RCTV en Venezuela.

Apenas han pasado unos días y violà!, ya saltó la noticia: Chávez no ha renovado la licencia a RCTV.

Si en el caso de Perú no encontramos ninguna referencia en todos los medios de comunicación, pasa todo lo contrario con lo que sucede en Venezuela:

Chávez cierra la cadena de televisión RCTV (Público)

Venezuela prohíbe de nuevo emitir a Radio Caracas Televisión (El País)

Venezuela deja sin señal al canal privado RCTV (La Razón)

Venezuela retira a Radio Caracas Televisión de la programación por cable (El Mundo)

Venezuela retira a Radio Caracas Televisión de la programación (ABC)

Cancelan la emisión por cable de la cadena venezolana RCTV (La Vanguardia)


¿Dónde estaban la prensa Occidental denunciando la censura en Perú? ¿Dónde están los artículos de El País o El Mundo defendiendo la "libertad de expresión" en Perú?

H-I-P-Ó-C-R-I-T-A-S

+Info

La manipulación informativa en América Latina. Un ejemplo

¿Os acordáis del escándalo que se montó hace un tiempo cuando Chávez se le ocurrió no renovar la licencia a RCTV?

Se le acusaba de dictador, censurar a la prensa crítica, etc...

La realidad es que Chávez simplemente no había renovado la licencia, algo que como bien denunció Carlos Fernández Liria, era la primera vez que hacía Chávez, mientras que sus predecesores lo habían hecho decenas de veces sin que a la prensa occidental le importara mucho. Y, paradojas de la vida, a él SI que le censuraron en Antena 3.

Sin embargo, ¡qué vueltas da la vida! El Presidente de Perú acaba de cerrar un canal de televisión por mostrar imagenes de la represión de su gobierno contra los indígenas. El Gobierno de Alan García es, junto con México y Colombia, de los pocos gobiernos de derechas que hay en América Latina - a la que se les ha unido Chile recientemente - y apoyado por EEUU.

¿Dónde está la prensa Occidental denunciando la censura? ¿Dónde están los artículos de El País o El Mundo defendiendo la "libertad de expresión"?

H-I-P-Ó-C-R-I-T-A-S

Una vez más se evidencia al servicio de quién están los medios de comunicación occidentales y qué papel juegan, defendiendo a las oligarquías locales y el imperialismo yankee o europeo, y atacando virulentamente a los gobiernos que se oponen al saqueo y la extorsión imperialista. Los gobiernos, en cambio, neoliberales que permiten el saqueo de sus pueblos son defendidos, y encima tenemos que aguantar que se les tilde de "demócratas".

A propósito de los 26 muertos de frio en La Habana

Hoy la prensa occidental daba la siguiente noticia: "26 pacientes mueren de frío en un hospital psiquiátrico de Cuba".

Ya me diréis vosotros la gran cantidad de gente que debe de morir al día en los decenas de miles de hospitales que hay repartidos por todo el mundo, muchos de ellos, desgraciadamente, debido a fallos humanos o por falta de medios para atender a todos como corresponde. Y más aun si hablamos de un país del Tercer Mundo. Aunque, de todas formas, también se producen muertes en los hospitales del Primer Mundo.

Una noticia que debería haber pasado por desapercibida en medio de la tragedia de Haití, pero que los medios occidentales han querido recoger en sus páginas e informativos. Nada más allá de una investigación de las autoridades cubanas que ponga fin al posible fallo que se haya podido producir, debería producir esta noticia, amen de las disculpas oportunas.

Sin embargo, esta noticia ha servido para un ataque directo contra uno de los emblemas de la Revolución Cubana: el sistema público de salud.

Ya que he puesto a El Pais, como fuente, por ejemplo, en su artículo encontramos el siguiente ataque a Cuba:

El hecho, insólito en un país como Cuba, donde el sistema sanitario gratuito y universal es exhibido con orgullo por el Estado, provocó en días recientes gran alarma social y numerosos rumores en la capital.

[...]

Grupos disidentes como la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) manifestaron su "profunda preocupación ante el alto número de muertes evitables" ocurridas en el hospital, y consideran el caso como una muestra de "negligencia criminal", por tratarse de pacientes indefensos que fueron "abandonados a su suerte".

¡Vaya trato hacia la muerte de 26 cubanos! Hasta en TVE les han dedicado unos minutos hoy en el telediario.

Sin embargo, al año se producen en EEUU 45.000 muertos sin seguro médico, abandonados por el Estado yankee.

¿Y quien habla de esos 45.000 muertos?

La muerte de 45mil pobres en EEUU abandonados por su gobierno no tienen hueco en los telediarios ni en las páginas de los grandes medios de comunicación.

El fallo y muerte de 26 cubanos sí que tiene hueco, y mucho.

Todo vale en la lucha virulenta de la propaganda occidental contra la Revolución Cubana y sus principales logros y aciertos. El problema es que sus mentiras y burdos ataques vienen sostenidos por su dinero y su capacidad de influir en la opinión de la sociedad. Nosotros, quienes seguimos apoyando a la Revolución, no tenemos a veces más que unos simples huecos en internet para desmontar ataques tan burdos.


***EDITO: Justo ahora que acabo de escribir esta entrada, me encuentro que El País ha ocultado la ayuda sanitaria cubana a Haití: un despliegue que incuye a 344 sanitarios...

Suma y sigue....

¿Por qué el norte es rico y el sur es pobre?

Si nos referimos a América, cuesta creer por qué el Sur, tan bien dotado por la naturaleza con tierras fértiles, bosques y recursos naturales ha sido y es tan pobre mientras que el Norte, USA y Canadá, sin apenas recursos mineros como los tuvieran en su momento América del Sur o Centro América o sin tierras tan fértiles, sea tan rico.

Al respecto, creo que no podríamos citar mejores palabras para explicar este fenómeno que las que empleó Eduardo Galeano en su libro: "Las venas abiertas de América Latina".

¿Por qué el Norte es rico y el sur pobre? El río Bravo señala mucho más que una frontera geográfica. El hondo desequilibrio de nuestros días, que parece confirmar la profecía de Hegel sobre la inevitable guerra entre una y otra América, ¿nació de la expansión imperialista de los Estados Unidos o tiene raíces más antiguas? En realidad, al norte y al sur se habían generado, ya en la matriz colonial, sociedades muy poco parecidas y al servicio de fines que no eran los mismos despliegan en vano la imaginación en el afán de encontrar identidades entre los procesos históricos del norte y del sur. Los peregrínos del Mayflower no atravesaron el mar para conquistar tesoros legendarios ni para explotar la mano de obra indígena escasa en el norte, sino para establecerse con sus familias y reproducir, en el Nuevo Mundo, el sistema de vida y de trabajo que practicaban en Europa. No eran soldados de fortuna, sino pioneros; no venían a conquistar, sino a colonizar: fundaron «colonias de poblamiento». Es cierto que el proceso posterior desarrolló, al sur de la bahía de Delaware, una economía de plantaciones esclavistas semejante a la que surgió en América Latina, pero con la diferencia de que en Estados Unidos el centro de gravedad estuvo desde el principio radicado en las granjas y los talleres de Nueva Inglaterra, de donde saldrían los ejércitos vencedores de la Guerra de Secesión en el siglo XIX. Los colonos de Nueva Inglaterra, núcleo original de la civilización norteamericana, no actuaron nunca como agentes coloniales de la acumulación capitalista europea; desde el principio, vivieron al servicio de su propio desarrollo y del desarrollo de su tierra nueva. Las trece colonias del norte sirvieron de desembocadura al ejército de campesinos y artesanos europeos que el desarrollo metropolitano iba lanzando fuera del mercado de trabajo. Trabajadores libres formaron la base de aquella nueva sociedad de este lado del mar.

España y Portugal contaron, en cambio, con una gran abundancia de mano de obra servil en América Latina. A la esclavitud de los indígenas sucedió el trasplante en masa de los esclavos africanos. A lo largo de los siglos, hubo siempre una legión enorme de campesinos desocupados disponibles para ser trasladados a los centros de producción: las zonas florecientes coexistieron siempre con las decadentes, al ritmo de los auges y las caídas de las exportaciones de metales preciosos o azúcar, y las zonas de decadencia surtían de mano de obra a las zonas florecientes. Esta estructura persiste hasta nuestros días, y también en la actualidad implica un bajo nivel de salarios, por la presión que los desocupados ejercen sobre el mercado de trabajo, y frustra el crecimiento del mercado interno de consumo. Pero además, a diferencia de los puritanos del norte, las clases dominantes de la sociedad colonial latinoamericana no se orientaron jamás al desarrollo económico interno. Sus beneficios provenían de fuera; estaban más vinculados al mercado extranjero que a la propia comarca. Terratenientes y mineros y mercaderes habían nacido para cumplir esa función: abastecer a Europa de oro, plata y alimentos. Los caminos trasladaban la carga en un solo sentido: hacia el puerto y los mercados de ultramar. Ésta es también la clave que explica la expansión de los Estados Unidos como unidad nacional y la fractura de América Latina: nuestros centros de producción no estaban conectados entre sí, sino que formaban un abanico con el vértice muy lejos.

Las trece colonias del norte tuvieron, bien pudiera decirse, la dicha de la desgracia. Su experiencia histórica mostró la tremenda importancia de no nacer importante.

Porque al norte de América no había oro ni había plata, ni civilizaciones indígenas con densas concentraciones de población ya organizada para el trabajo, ni suelos tropicales de fertilidad fabulosa en la franja costera que los peregrinos ingleses colonizaron. La naturaleza se había mostrado avara, y también la historia: faltaban los metales y la mano de obra esclava para arrancar los metales del vientre de la tierra. Fue una suerte. Por lo demás, desde Maryland hasta Nueva Escocia, pasando por Nueva Inglaterra, las colonias del norte producían, en virtud del clima y por las características de los suelos, exactamente lo mismo que la agricultura británica, es decir, que no ofrecían a la metrópoli, como advierte Bagú una producción complementaria.

Muy distinta era la situación de las Antillas y de las colonias ibéricas de tierra firme. De las tierras tropicales brotaban el azúcar, el tabaco, el algodón, el añil, la trementina; una pequeña isla del Caribe resultaba más importante para Inglaterra, desde el punto de vista económico, que las trece colonias matrices de los Estados Unidos.

Estas circunstancias explican el ascenso y la consolidación de los Estados Unidos, como un sistema económicamente autónomo, que no drenaba hacia fuera la riqueza generada en su seno. Eran muy flojos los lazos que ataban la colonia a la metrópoli; en Barbados o Jamaica, en cambio, sólo se reinvertían los capitales indispensables para reponer los esclavos a medida que se iban gastando. No fueron factores raciales, como se ve, los que decidieron el desarrollo de unos y el subdesarrollo de otros: las islas británicas de las Antillas no tenían nada de españolas ni de portuguesas. La verdad es que la insignificancia económica de las trece colonias permitió la temprana diversificación de sus exportaciones y alumbró el impetuoso desarrollo de las manufacturas. La industrialización norteamericana contó, desde antes de la independencia, con estímulos y protecciones oficiales. Inglaterra se mostraba tolerante, al mismo tiempo que prohibía estrictamente que sus islas antillanas fabricaran siquiera un alfiler.